miércoles, 9 de agosto de 2017

"El matrimonio desigual" . Vasili Vladimirovich Pukirev (1832-1890)


Magnífica e inquietante pintura. El pájaro que se casa con la pobre doncella parece el mayordomo de una novela gótica (pero muy gótica) de la época victoriana. Los acompañantes de detrás, con gestos preocupantes, da la sensación de que comparecen en una especie de velatorio. El Pope que los casa está en su papel y no se sale del guión. El que está justo detrás del oficiante parece un modelo de ese género tan popular del XIX que era el de los retratos de muertos. Imagino la escena del arroz a la puerta del templo, si es que en Rusia y en esa época se estilaba esa costumbre...


sábado, 29 de julio de 2017

Medea, Jasón y el Vellocino de oro


Medea era una mala integral, de las que no defraudan. Cuando se enamora de Jasón parece ser que pierde el norte y no hay nada que la frene hasta conseguir sus fines. Eurípides la representa asesinando a sus propios hijos por despecho de Jasón, que era el padre, cuando éste decide casarse con Glauce, la hija de  Creonte, rey de Corinto. Otras variantes mitológicas suavizan el tono y dicen que no era para tanto, que Medea en el fondo no era tan mala. Bueno, igual resulta que tenía un corazón de oro y la pobre en realidad no había roto un plato. Vete a saber. En esta pintura aparece mandando a su propio hermano Apsirto a las profundidades del mar. El cuadro es muy benevolente porque en realidad la mitología nos cuenta que lo descuartizó antes de mandarlo con Poseidón.  Están a bordo de la nave Argo, tripulada por los argonautas, la que llevó a Jasón en busca del vellocino de oro. Durante esa ardua aventura Medea se había enamorado como una adolescente de Jasón, fue un amor a primera vista,  y con sus dotes de hechicera le había prestado una inestimable ayuda para conseguir su objetivo. Volvían ella, Jasón y su hermano con el preciado trofeo, el vellocino de oro, la piel y la lana dorada del mítico carnero Krysomallos, el que se convirtió en la constelación Aries una vez que fue sacrificado. Se conoce que no le cuadraba mucho que su hermano continuara viaje con ellos y la pobre no tuvo más remedio que deshacerse de él.  En fin, qué se le va a hacer... Bueno, bromas aparte, hay que reconocer que los griegos no se andaban con rodeos a la hora de retratar la complejidad de la condición humana. En los mitos late todo un subconsciente colectivo del que afloran pasiones, acciones extremas, trangresiones, etc...No es de extrañar pues que los pioneros del Psicoanális, con Freud a la cabeza, bucearan en ellos a la hora de dar respuesta a muchos indescifrables misterios del comportamiento humano.

(Texto: © Mariano López A. Abellán)

 El vellocino de oro. (1904) Óleo sobre lienzo (155 x 272,5 cm).
Bradford Museos, Galerías y Patrimonio (Cartwright Hall)
Herbert James Draper (Londres, 1863 - 1920)

viernes, 21 de julio de 2017

Las ruinas del templo de Poseidón




Templo de Poseidón.

Estas ruinas del siglo V a. d. C., en una de cuyas columnas grabó su nombre Lord Byron, se pueden visitar en el Cabo Sunión, frente a las aguas del mar Egeo.

viernes, 30 de junio de 2017

El cielo de la estación de Totana.



 Llega el tren con 20 minutos de retraso en el último día de este caluroso mes de junio. Mientras, para hacer tiempo me entretengo haciendo fotos.

miércoles, 21 de junio de 2017

El polémico retrato que de Stalin hizo Picasso


  El 5 de marzo de 1953 fallecía Stalin. Todavía no había sido sometida su figura a ningún tipo de revisionismo  por parte de las masas y las élites comunistas,  tanto a nivel soviético como en el ámbito internacional. Años más tarde, bajo el mandato de  Nikita Jrushchov, comenzaría su proceso de desacralización y se iría conociendo de manera descarnada la cruda realidad de sus años de gobierno. Bueno, todo esto ya es historia conocida. 
  Pero recién fallecido, el “padrecito”Stalin, el líder de los desheredados y los parias de la Tierra, el titán que cargaba sobre sus espaldas la emancipación de tantas y tantas víctimas de la cruel explotación del hombre por el hombre, era un personaje a punto de subir a los altares y ser canonizado por esa iglesia laica que para muchos era el Partido Comunista. El sincero dolor por su pérdida, la sensación de horfandad en que parecían quedar las masas proletarias y humildes de todo el mundo era un clamor que atronaba las sedes, las fábricas, los círculos intelectuales, etc. 
  Es el caso que había en Francia una revista cultural muy próxima, por no decir dependiente, del Partido Comunista Francés. Se llamaba “Lettres Françaises”. Era la vanguardia del pensamiento, las artes -la cultura en general- de la izquierda francesa. La dirigía un conspicuo intelectual, poeta surrealista y a la vez militante comunista  llamado Louis Aragon. Esta publicación tiró la casa por la ventana para enaltecer la figura del líder soviético desaparecido y darle una despedida acorde con su imponente estatura política e histórica.  Así pues, Louis Aragon recurrió a Picasso, el gran icono de la pintura del siglo XX, militante comunista también, para ilustrar con su genio el número especial dedicado a Stalin. Un titán visto por otro titán.
 
A los diez días del fallecimiento vió la luz un número de “Lettres Françaises" con un retrato del líder soviético realizado por el gran malagueño universal que removió los cimientos del establishment comunista. No se trataba de una imagen propia del realismo socialista precisamente. Parecía más bien la caricatura de “ un chulángano con aficiones de quinqui” en palabras del periodista Feliciano Fidalgo escritas muchos años después. 
 El escádalo fue descomunal. Esa especie de caricatura fue considerada muy poco respetuosa con quien tanto fervor despertaba entre las masas comunistas. Semejante sacrilegio, tamaña irreverencia era inimaginable. Las iras primeras se dirigieron curiosamente contra Aragon por publicar tal ofensa al gran líder. Terminó haciendo una dolorosa autocrítica para lavar su pecado
 ¿Y Picasso? Picasso era Picasso. Realmente estaba perplejo. A esas alturas de su proceso creativo ciertamente no era muy esperable que se despachara con una reproducción de Stalin propia del realismo socialista. Pero su apuesta era  muy osada. Demasiado osada para la "iglesia" y la "liturgia" del comunismo previo al revisionismo catártico sobre Stalin que vendría años después.

(Texto: © Mariano López A. Abellán)

sábado, 17 de junio de 2017

Javier Marías.


Hace unas semanas terminé de leer "Así empieza lo malo" de Javier Marías. Intentaré esquematizar algunos aspectos de este libro que me han llamado la atención  a través de los siguientes puntos que paso a exponer, aunque sea de manera arbitraria y sin un orden lógico:

- Una "precuela". (Y perdón por la palabra). A cierta altura de la novela descubrí que había una "precuela", un precedente narrativo, en la obra del propio Marías. Me acerqué a la estantería y recuperé un libro suyo de relatos cortos. Uno de ellos se llama "Cuando fui mortal". Y en efecto, allí aparecía el doctor Arranz en una de sus ignominiosas visitas como médico perteneciente al bando vencedor para prestar sus servicios en el hogar de un vencido y represaliado de la contienda, en plena y dura posguerra. Este mismo doctor Arranz aparecerá en "Así empieza lo malo" de manera colateral pero significativa, aunque en realidad el protagonismo lo acapare su amigo y colega, el inquietante doctor Van Vechten. Y no digo más. No quiero destripar el libro. Quien lo haya leído sabrá de lo que hablo.

- Un guiño a Oxford. En el "universo Marías" no podía faltar alguna referencia, por lejana que fuera, a esta ciudad universitaria donde el novelista ejerció la docencia y que utilizó como escenario de su novela "Todas las almas". Así, hay un cameo mínimo, anecdótico,  de Peter Wheeler, el hispanista oxoniense de "Tu rostro mañana".

- El Profesor Rico. Es recurrente en sus obras. Se trata de un personaje real, el filólogo experto en Petrarca y autor de ediciones canónicas del Quijote profesor Francisco Rico. En esta novela la descripción que Marías hace de su amigo es descacharrante. De una comicidad innegable. Pero su protagonismo en esta obra va más allá de lo meramente anecdótico. Rico ha dicho en alguna ocasión que la utilización que el novelista hace de él para introducir la figura del "gracioso" en las tramas serias es muy cervantina.

- Referencia continua a Shakespeare. A lo largo de toda su obra en general la referencia al dramaturgo isabelino es constante. Incluso los títulos ("Negra espalda del tiempo", "Mañana en la batalla piensa en mi", "Cuando fui mortal"...) son de procedencia shakespeariana. Es un  leitmotiv permanente en su narrativa.

- Imposibilidad de llegar a la esencia exacta de las cosas. Es imposible saber la realidad concreta de los hechos, de las acciones, de lo sucedido. La memoria falsea, el lenguaje nunca puede ser fidedigno a la hora de exponer con objetividad y científicamente la narracción incontestable de los acontecimientos. Un mismo hecho tiene variaciones a través de los distintos relatos, que nunca podrán ser iguales, de los testigos. Es paradigmático el recitado de un texto de Shakespeare por el Profesor Rico sobre "El rumor". Todo esto está latente en  la obra general de Marías. Hay además todo un "continente " sumergido, incluso referente a nosotros mismos,  que nunca verá la luz, que nunca sabremos y que incluso llegará a retazos a otros y no a quienes somos protagonistas de él. Pero nunca habrá (ni puede haberlo) un relato exacto y completo de las cosas. Eso se simboliza a la perfección en el shakespeariano título de "Negra espalda del tiempo". Yo, de forma anecdótica, digo que Marías aplica el "Principio de incertidumbre de Heisenberg" a la literatura, por poner un símil procedente de la Física cuántica: es imposible conocer la magnitud exacta de los sistemas. La mera interacción con ellos para medirlos ya falsea los resultados.

- Inclusión de frases o pequeños párrafos que se repiten textualmente de manera cíclica  hasta que van adquiriendo una gran carga simbólica. Van imprimiendo un sello a la narración, la trascienden y le dan un carácter muy personal, incluso con connotaciones poéticas, según mi opinión. En general, es común a toda la narrativa de Marías
 (Continuará).

(Texto: © Mariano López A. Abellán)

domingo, 11 de junio de 2017

Virus : ¿la mayor amenaza para la Humanidad?


La combinación de cuatro elementos que se repiten millones de veces forma un macrocódigo que se traducirá posteriormente para generar las expresiones de vida más peregrinamente diversas. Esos cuatro elementos son las dos bases púricas y las dos bases  pirimidínicas y el macrocódigo es el ADN.
  Así pues, los mimbres a partir de los cuales surge cualquier ser vivo, ya sea una cebolla, un caballo, un alga microscópica o nosotros mismos son todos idénticos. Lo único que varía es la combinación de sus componentes. 
 Ese es uno de los misterios de la vida. Y eso lo "saben" y se lo tienen muy bien aprendido los virus. Como son "conscientes" de que las piezas o moléculas primigenias formadoras de vida son comunes a todos los seres vivos y que lo único que varía es la combinación de esos eslabones de la gran cadena de ADN, ellos, en su sencilla y a la vez compleja "sabiduría" inyectan en nuestras timoratas células esos elementos combinados a su gusto para que nosotros, confiadamente, procedamos a ejecutar la orden que nos transmiten. Nuestras inocentes células no se percatan, pues, de que el código que traducen pertenece a un  invasor y creen que es un código propio. Y entonces ya ha comenzado el problema. 
 A nivel celular nos convertimos en una factoría que produce virus de manera industrial. Hasta que llega un momento en que nuestro organismo se percata de que algo no marcha bien, comienza a detectar elementos extraños, pone en marcha sus aparatos defensivos y comienza a darle "caña" al invasor. Nuestro sistema inmunológico aprende muy bien la lección a partir de esos hechos y memoriza con una precisión milimétrica las características físicas de esos pequeñísimos maquiavelos para estar prevenido en un próximo ataque. 
 Cuando al cabo de un tiempo éstos deciden desembarcar de nuevo en nuestros tejidos, "reflexionan" y se dicen a sí mismos: "Ojo. Estos señores nos tienen muy calados. Hay que cambiar de careta para que no nos reconozcan." Y dicho y hecho. Modifican la cubierta proteica que los protege, el caparazón que los envuelve, y vuelta a empezar, comienzan otra vez a inyectar códigos propios que engañan a nuestras células que producirán nuevamente virus a escala  masiva mientras nuestro organismo permanece a la "luna de Valencia" porque no tiene memoria de éstos, para él, inéditos invasores que no cree tener fichados. Por esa extrema mutabilidad de algunos virus es tan difícil conseguir una vacuna eficaz en muchos casos.
 Porque un virus en realidad es muy poca cosa. Prácticamente no es nada. Es un pequeño trocito de ADN o ARN encapsulado. Sin nada más. Sin orgánulos ni ningún componente celular que realice función alguna. Por eso, para vivir, necesita de la funcionalidad de una célula ajena. Es el colmo del parasitismo. Inyectan una copia de ese trocito de ADN o ARN en el ser invadido y éste pone toda su infraestructura al servicio de su invitado. Cuando el anfitrión se da cuenta del timo ya es demasiado tarde. 
  La mayoría de los virus son inofensivos. Los hay también, con ejemplos que todos conocemos, de gran capacidad patogénica.  Pero podría darse el caso de que apareciera  alguno con un potencial infeccioso que más vale no imaginar. Meditar sobre las consecuencias de una pandemia ocasionada por semejante microorganismo produce un desasosiego propio de película de terror en función doble con palomitas.
 Yo pienso, es una opinión, que una de las amenazas reales que se podría cerner sobre la vida humana en el planeta (además de las derivadas del espacio exterior en forma de meteoritos o alteraciones solares extremas) sería la hipotética aparición de un supervirus de gran poder patogénico y alta mutabilidad. Así, en una gran paradoja, lo más sencillo, la más mínima expresión, acabaría con lo más complejo y evolucionado. Pero entonces, ¿cuál sería el vencedor en el gran torneo de la adaptación?. Dicen que la Naturaleza es muy sabia.
(Texto: © Mariano López A. Abellán)