viernes, 6 de abril de 2018

Luis XVIII y Carlos X, los últimos borbones franceses.



 Es el 2 de diciembre de 1823. Mientras  el Duque de Angulema -que ostentaba el mando de los Cien Mil Hijos de San Luis, "la expedición de España" para los franceses- se inclina para el besamanos, detrás del moderado y constitucionalista rey Luis XVIII permanece de pie su hermano, que le sucedería en el trono con el nombre de Carlos X.  Éste último, reaccionario recalcitrante y casi delirante, intentó una fallida vuelta  al Ancien Régime que terminó con su exilio en Inglaterra. Sería el último Borbón que reinó en Francia.
 Con el nombre de los Cien Mil Hijos de San Luis se conoce al contingente armado que penetró en España para apuntalar a Fernando VII en el trono frente a los  liberales. Éstos últimos propugnaban una monarquía fiel a la Constitución de 1812 y no  la vuelta al Absolutismo preconizada por el Borbón español.  Hay que tener en cuenta que estamos en la Europa posnapoleónica -la que salíó del Congreso de Viena- y en la que se siente el peso de la Santa Alianza. En esos momentos se intenta sofocar cualquier movimiento en el Continente que sugiera mínimamente una vuelta a los postulados revolucionarios propios de los tiempos anteriores a la caída de Napoleón. 

Luis XVIII y la familia real asistiendo al regreso de las tropas de la expedición española desde el balcón de las Tullerías. 1824

Louis Ducis (14 de julio de 1775, Versalles - 2 de marzo de 1847, París )


viernes, 30 de marzo de 2018

La batalla de Pavía. El rey de Francia prisionero en España.



Todo un rey de Francia caído a los pies de su caballo, inmovilizado por el peso de su armadura. Estamos en 1525, cerca de Pavía, ciudad del norte de Italia asediada por las tropas del monarca francés Francisco I en el marco de las continuas disputas que éste mantiene con el emperador Carlos V.  Como ya hemos dicho en otro artículo, estos dos mandatarios sostienen una rivalidad geopolítica que se materializa en continuos episodios bélicos entre los que destacan los referentes al control estratégico del norte de Italia, como éste que nos ocupa.
 Un contingente de tropas imperiales resiste dentro de la ciudad ante el acoso del ejército francés comandado por el mismísimo rey de Francia. En un momento dado, la retaguardia de las fuerzas asediantes, compuestas por unos 50.000 hombres, es atacada por  sorpresa por el ejército de Carlos V que viene en ayuda de los que resisten dentro de Pavía. Ante el desconcierto de las tropas galas, los acantonados en la ciudad italiana salen a campo abierto y atacan también a los franceses que, viéndose envueltos en dos frentes y con la iniciativa totalmente perdida, emprenden una desordenada huida.
 Y es entonces, en el fragor de esa caótica desbandada, cuando Francisco I cae de su caballo y queda a merced de un soldado imperial, el guipuzcoano Juan de Urbina. Éste procede según las normas militares vigentes por aquel entonces y exige la rendición del monarca conminándole también a que le entregue la espada. Pero Francisco I se niega a claudicar ante un simple soldado y exige la presencia de la primera autoridad presente en el campo de batalla,  uno de los generales de las tropas de Carlos V, Carlos de Lannoy, virrey de Nápoles. Éste, cuando llega besa la mano del monarca caído, acepta su espada pero le entrega inmediatamente la suya propia mientras le dice: "no está bien que un rey quede nunca desarmado".
 Francisco I es conducido a Madrid, que no era por aquel entonces capital de España, y encerrado en la Torre de los Lujanes. Posteriormente será encarcelado en el Alcázar de la villa y más tarde en el Alcázar de Toledo, que en aquel tiempo era residencia imperial. Fue una cárcel dorada en realidad la prisión  española del rey francés. Los agasajos de la nobleza española fueron abundantes y las fiestas y bailes en las  residencias donde estaba retenido dan idea de un permanente espíritu  cortesano en torno a su figura. A su hermana Margarita de Navarra le será concedido un salvoconducto para que pueda visitarlo en Madrid. El propio emperador Carlos V acudirá solícito a visitarlo en una ocasión en que Francisco I cae enfermo.
 Esta situación se resolverá al final con la liberación del monarca tras la firma del llamado Tratado de Madrid. Para verificar su cumplimiento habrán de quedar dos de sus hijos como rehenes en Madrid. El francés se comprometerá bajo juramento, tras la ratificación de ese acuerdo, a renunciar a sus aspiraciones sobre Italia y Borgoña.
 Pero posteriormente, el Papa Clemente VII, condicionado por la permanente tensión existente entre el Imperio y el Papado,  liberará de su juramento a  Francisco I y éste terminará dejando en papel mojado ese Tratado de Madrid que le había permitido su liberación.

(Texto: Mariano López-Acosta Abellán)


De Bernard van Orley - Bernard Van Orley, The Battle of Pavia, RIHA Journal., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=48886
(Tapiz de Bernard van Orley, Museo de Capodimonte. Nápoles)

domingo, 18 de marzo de 2018

Baldo. "La conquista de la cumbre". Un humanista en la prensa murciana.


Conocí  a Baldo y a su familia (encantadora, por cierto) hace unos cuarenta años porque un hermano mío era novio de una de sus hijas. Alguna vez estuve también en su casa de Los Balcones. Lo recuerdo como un auténtico humanista, un apasionado de la historia y el arte, de la cultura en general. También sentía fascinación por Roma y es el caso que organizaba recurrentemente expediciones a esta monumental urbe con familiares y amigos.Comenzaba a saborear el viaje antes de ponerse en camino, organizando su logística previa,  marcada a conciencia por todos los aspectos culturales imaginables, y planificando todos los detalles con auténtica delectación. Cuando regresaba días después llevaba consigo unos cuadernos manuscritos plagados de comentarios sobre su periplo y dibujos a color con motivos de su estancia en la Ciudad Eterna,  acotaciones, anécdotas, observaciones.... Y todo ello para consumo interno, no sé a ciencia cierta si llegó a publicar alguna vez todo este valiosísimo material. 
 Una de sus colaboraciones periodísticas más conocidas era "La conquista de la cumbre". Para su elaboración, Baldo tenía que hacer un auténtico "tour de force". Téngase en cuenta que la jornada de Liga  terminaba el domingo por la noche y en la madrugada del martes había que entregar a las prensas del diario Línea este trabajo para que apareciera en los kioskos en las primeras horas de la mañana. Así pues los lunes el humorista se encerraba en su estudio y no estaba para nada más. Trabajaba contrarreloj y la inspiración tendría que cazarla al vuelo.
 No solo cultivó el humorismo gráfico. También escribió  acertados y magníficos artículos sobre muy variada temática. Bien podemos decir que Baldo llenó una de las más brillantes páginas del periodismo murciano del pasado siglo. 
(Texto: Mariano Lopez)

sábado, 27 de enero de 2018

Paco Ibáñez, un juglar de nuestro tiempo.



Hay quien dice que los poemas llevan una música oculta y sólo una. Que está como encriptada y que quien la hace aflorar  llega a la esencia de la poesía.
 Se componen muchas canciones partiendo de poemas pero muchas veces son sólo aproximaciones a esa melodía esencial. Buenas canciones algunas de ellas pero que no llegan a esa cristalización que consiste en llegar a su auténtica música interna. Cuando conseguimos acceder a ella ya tenemos la obra maestra, algo inefable que captamos inevitablemente. 
 Hay un cantautor, un compositor, que lleva como una llave maestra con la que abre con una facilidad asombrosa esa caja fuerte tan inaccesible para tantos donde se oculta la auténtica música de la poesía. Desencripta, descodifica el poema. Es Paco Ibáñez. 
 Contaba  José Agustín Goytisolo que el día que conoció a Paco éste le cantó algunos poemas suyos a los que había puesto música. El poeta se quedó perplejo, conturbado. Como radiografiado a través de esos poemas convertidos en canciones.  Hoy en día cuesta imaginar “Palabras para Julia”, “El lobito bueno”, “Me lo decía mi abuelito”, etc sin la voz y la melodía de Paco Ibáñez. Ni “A galopar” de Alberti, ni las de Neruda... Música y letra son ya muy difíciles de disociar. 

 Paco Ibáñez es hijo de padre valenciano y madre guipuzcoana. Tras la Guerra Civil su progenitor se exilió a Francia y Paco permaneció con su madre y sus hermanos en un caserío guipuzcoano hasta los 14 años, periodo que homenajeó muchos años después con un disco en euskera cantado a dúo con el desaparecido cantautor vasco Imanol, y que llevaba un diseño del escultor Oteiza.  Posteriormente toda la familia consiguió reunirse en París. Tras vivir en la capital francesa durante muchos años Paco se trasladó a Barcelona donde reside actualmente. 
 Yo tuve conocimiento de sus canciones en el año 1973. Eran los tiempos de las películas de "Arte y ensayo", de los “cineforums”, del "compromiso". Esos aires nuevos llegaron incluso al colegio Marista donde yo estudiaba 6° de bachiller a mis quince años. El profesor de Religión, hermano Fulgencio, y el de Literatura, José Rocaspana, organizaron una audición de un disco de Paco Ibáñez tras el que se entabló un coloquio muy didáctico sobre literatura española. Descubrí que esas canciones tenían un estilo muy diferente a lo que se escuchaba habitualmente. Y es que la forma de abordar la interpretación por parte del cantautor era de un minimalismo extremo. Sólo había una voz austera y una guitarra tocada con mucha maestría y no se echaba en falta nada más. Pero uno percibía la esencia más profunda de los textos. Pasaron por los surcos del vinilo varios siglos de la poesía española. Ahí estaban Quevedo, Góngora, el Arcipreste de Hita, Jorge Manrique, Antonio Machado, Lorca, León Felipe, Rafael Alberti, Blas de Otero, Gabriel Celaya, José Agustín Goytisolo, etc, etc ... 
Aparte de magníficas canciones lo que  había allí era un material muy valioso para divulgar e iniciar el conocimiento de las letras hispanas.

 Desde entonces he seguido la trayectoria de Paco Ibáñez. Me hice de sus discos, saqué sus canciones a la guitarra y fui a bastantes recitales suyos a lo largo de los años. La primera actuación  que recuerdo fue en Granada en el año 1979, cuando yo estudiaba la carrera, en un pabellón deportivo que había al final del Camino de Ronda. Iba de telonero suyo un cantautor portugués magnífico que fue todo un descubrimiento, Luis Cilia. También los acompañaba un francés del que no recuerdo ahora mismo el nombre. Años después ví cantar a Paco en Fuentevaqueros, en el homenaje anual que se le hacía a García Lorca. Y en algunas otras ocasiones. 
 Las última actuación suya a la que asistí se dio en el Centro cultural de Ceutí, aquí en la provincia de Murcia. Fue en 1998, en una época en que coordinaba dicho centro un buen amigo, Juan Antonio García Cortés, el Pele, un magnífico animador y organizador cultural que consiguió que pasara por Murcia lo mejor de la canción de autor española. Recuerdo con curiosidad que prácticamente la única petición que hizo Paco a los organizadores del concierto fue la de que hubiera una alfombra o  moqueta roja cuadrada en la parte del escenario donde él se iba a ubicar. Viendo vídeos de otras actuaciones suyas posteriores descubrí que sigue manteniendo esa costumbre.  
 Después del recital tuve el privilegio de cenar por las tascas murcianas con el propio Paco Ibáñez, Xabier Ribalta, que giraba con el maestro haciendo las primeras partes de los recitales, el pianista Francesc Capella, que acompañaba al telonero cantante catalán, y el mencionado Juan Antonio García Cortés. He de decir que Paco es la sencillez personificada, de un trato muy llano, muy accesible. Después de la cena se organizó una interesante tertulia. Hablamos de la Canción en general, del maestro Brassens, de la situación política de aquel momento... Al final incluso cantamos “a capella” “La Tormenta” de Brassens, pero no la versión en español de Krahe sino la original en francés, “L'Orage”. 

 Bueno, ha ido pasando el tiempo y el maestro sigue en la brecha, pasados ya los ochenta años. Es el referente de la canción de autor en España, el patriarca. Y es que se puede decir que el tema fundacional de este movimiento fue "La más bella niña", de Góngora, poema que tras su lectura inspiró en Paco, ebanista de profesión por aquel entonces, la música de la que fue la primera canción de cantautor en nuestro país, la primera también de su carrera. Todo lo que vino después arrancó de ese punto. Y hasta ahora.

(Texto: © Mariano López A. Abellán)

martes, 23 de enero de 2018

Joan Manuel Serrat, el noi del Poble Sec. II



En 1971 publicaba Serrat el LP Mediterráneo. Según la mayoría de la crítica, el cantante barcelonés llegaba al punto álgido de su inspiración, de su madurez como compositor. Diez canciones para la Historia, una de ellas, Vencidos, compuesta a partir de un poema de León Felipe. Éstas eran las demás: Aquella pequeñas cosas, Mediterráneo, Aquella pequeñas cosas, La mujer que yo quiero, Pueblo blanco, Tío Alberto, Qué va a ser de ti, Lucía, Vagabundear, Barquito de papel
 Muy buenos recuerdos me trae este trabajo del noi. Lo escuchamos por primera vez en un viaje de veraneo familiar por los pueblos blancos de la costa malagueña. La contemplación del mar azul desde el "Opel Kadet super1000 caravan" de mi padre mientras escuchábamos Mediterráneo, Vagabundear y los demás temas  fue algo que siempre hemos recordado en mi familia con mucha nostalgia.  
Este disco, como dos o tres anteriores, se grabó en un estudio de Milán. El arreglista fue Juan Carlos Calderón. Como anécdota cabe decir que  muchos años después éste confesó estar arrepentido de haberle puesto  batería a los arreglos de Lucía en vez de una percusión más cálida e intimista. 
Poco más  cabe añadir a estas alturas a todo lo dicho sobre la canción Mediterráneo. Por mi parte puedo confirmar que ha sido el tema que más me ha costado acompañar a la guitarra, no por sus acordes sino por ese imposible compás de 5/4, estilo bossa, que nos volvía locos para llevar el ritmo mientras tocábamos  y cantábamos. La crítica musical siempre ha visto el espléndido Take five de Dave Brubeck, todo un clásico, como la fuente de inspiración que tuvo Juan Carlos Calderón para componer los arreglos que aplicó a la emblemática canción de Serrat. Escuchadla y veréis qué familiar os resulta ese ritmillo que tanto nos complicaba la vida cuando lo intentábamos sacar a la guitarra en las siestas del verano. 
Serrat había nacido en el seno de una familia muy humilde en el barrio del Poble Sec de Barcelona el 27 diciembre de 1943. Su padre era un peón que trabajaba en Catalana de Gas. Con el tiempo el cantante acabaría casándose con la hija del jefe de esa empresa, con Candela Tiffón. 
La madre de Serrat era una campesina de Belchite. Esta localidad aragonesa fue un punto caliente en el Frente de Aragón durante la Guerra Civil. La familia materna del cantante perteneció al bando perdedor y además sufrió con dureza las consecuencias del  conflicto. En su nostálgico tema Cançó de bressol hace Serrat referencia a todo esto:

“Cançó de bressol que llavors ja em parlava
del meu avi que dorm en el fons d'un barranc,
d'un camí ple de pols, d'un cementiri blanc,
i de camps de raïms, de blats i d'oliveres.
D'una verge en un cim, de camins i dreceres,
de tots els teus germans que van morir a la guerra.”

(“Canción de cuna que entonces ya me hablaba
de mi abuelo que duerme en el fondo de un barranco,
de un camino lleno de polvo, de un cementerio blanco,
de campos de uvas, de trigos y olivos.
De una virgen en una cima, de caminos y atajos,
de todos tus hermanos que murieron en la guerra”.)

 Ha contado Serrat en alguna ocasión que lleva siempre con él una foto se su abuelo materno, que tiene una imagen suya permanentemente en su mesa de trabajo. Que lo lleva en su memoria aunque no lo conoció. 
Y también ha referido que su madre le inculcó la idea de mirar hacia adelante, de que nunca el odio tuviera cabida en su corazón. De hecho siempre le ocultó de niño las desgracias familiares.
                                       
 Serrat se diplomó como perito agrícola en la Universidad Laboral de Tarragona y tenía previsto estudiar Biológicas. Pero cierta madrugada se presentó con su guitarra en  el programa nocturno Radioscope del popular locutor de aquella época Salvador Escamilla. 

  (Continuará...)

(Texto: © Mariano López A. Abellán)


miércoles, 17 de enero de 2018

Historia y Política


 Con mucha frecuencia se utiliza la Historia como argumento para defender determinadas posturas políticas y la reivindicación de legítimos derechos históricos. Que si un territorio concreto ha gozado en el pasado de independencia o no... Que si se erigió en reino, o en condado o señorío... Que si era vasallo de un tercero...Todas estas descripciones son usadas como pruebas con diferentes intencionalidades políticas , ya sea en pro del centralismo o del nacionalismo o del independentismo, etc, etc. Pero yo creo que a todas esas discusiones habría que añadirles un breve comentario:
Estamos describiendo la situación de unas épocas en que no existía el concepto de ciudadanía ni de nación. En que la mayoría de los habitantes de esos pueblos carecían de los mínimos derechos. No pertenecían a una patria sino que eran súbditos o vasallos, que eran propiedad de unos señores que los utilizaban para hacer sus guerras y para asegurarse la producción de los bienes imprescindibles para la subsistencia. Todas estas disquisiciones históricas no sirven ni para arrimar el ascua a la sardina de tal o cual intencionalidad política nacionalista o centralista. Estamos hablando de pueblos formados por inmensas mayorías de seres explotados cuya pertenencia a tal o cual reino o condado o ducado estaba al albur de lo que organizaran entre sí las minoritarias élites explotadoras dominantes del momento a base de matrimonios estratégicos o guerras. Fuera cual fuera, no entro en ello, la , por lo visto, farragosa situación política y administrativa de esos tiempos no se puede hacer ninguna proyección ni extrapolar nada que sirva como argumento político para resolver problemas actuales. Ahora, se supone, ya se puede hablar de ciudadanos con derechos y con capacidad para decidir libremente su destino, sea éste cual sea, siempre de manera pacífica y democrática

sábado, 13 de enero de 2018

Franz Ludwig Catel. El pintor alemán que descubrió Italia.



Se trata de un pintor previo a esa generación del Romanticismo alemán que llenó los lienzos y los versos de lunas veladas en parajes tenebrosos, en noches misteriosas y brumas inquietantes. Solo que  Franz Ludwig Catel buscó la inspiración (y en realidad el sentido de su vida) en un luminoso Sur enclavado en Italia. Allí, rodeado de un mundo "libre de preocupaciones", en una atmósfera grata de luz y  amables paisajes romanos encontró sus fuentes este artista  

Fue decisiva la influencia que tuvo en Alemania para la construcción de un imaginario que exaltaba lo mediterráneo como un ámbito de vida atemporal dominado por la alegría de la luz, la cultura de la Antigüedad clásica y la sabiduría del buen vivir.  No es difícil imaginar la sensación que produciría en una tierra de tenue luz e invitación al recogimiento de los ambientes interiores esta explosión de hedonismo y "joie de vivre" que se manifiesta  aquí en la alegre borrachera del futuro rey de Baviera Luis I junto a sus fieles acólitos en una taberna romana. 

 El artista berlinés había pasado por París para completar su formación artística, pero cuando años más tarde descubrió Roma (en donde se había instalado un pequeño grupo de pintores alemanes que fueron conocidos como los "Nazarenos") y Nápoles,  ya no regresaría nunca de forma estable a Alemania. Vivió y murió en la capital italiana.

El príncipe coronado Ludwig en la taberna española de Roma  (1824)
Franz Ludwig Catel (Berlín, 22 Febrero 1778 –  Roma, 19 Diciembre 1856)

By Franz Ludwig Catel - Bayerische Staatsgemäldesammlung, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=24910263