sábado, 14 de junio de 2014

La tabla de logaritmos




Soy de una generación (la infancia en los sesenta) que vio la llegada de las calculadoras a las aulas, en las clases de matemáticas, como una novedad realmente revolucionaria. Compañeros de algunos cursos superiores hablaban de reglas de cálculo (algún tipo de artilugio que yo no llegué a conocer y que les ayudaba a realizar las correspondientes operaciones numéricas).
 Hay que imaginarse lo que podían ser las cosas a la hora de hacer problemas aritméticos sin la ayuda de estos aparatos. También hay que reconocer que la mente se ejercitaba muchísimo más y ciertamente se lograba una agilidad y rapidez muy difíciles de alcanzar en estos tiempos. Yo, que soy de ciencias, hace muchos años que no hago raíces cuadradas y es muy posible que me haya olvidado por completo de cómo se realiza esta operación. 
  Recuerdo que en mi niñez, cuando íbamos a las tiendas de lo que entonces se conocían como ultramarinos, era muy típica la figura del tendero con un lápiz ya bastante corto apoyado en la oreja y utilizando un trozo de papel grisáceo, de los de envolver alimentos, como elementos de cálculo a la hora de sacar las cuentas de las compras de los clientes. Qué rapidez a la hora de sumar largas retahílas de números. No solían equivocarse, aunque había fama de que su infalibilidad, si se quebraba era para dar errores a su favor. Mal pensada que era la gente...

 Estoy hablando de escenas ciertamente antiguas que me sirven para recrear una época en que se usaba, también en las clases de matemáticas, algo que hoy en día puede parecer totalmente anacrónico. Me refiero a la  TABLA DE LOGARITMOS.
 Cómo pasa el tiempo y cómo cambian las costumbres. Y pensar que yo llegué a manejar en algún momento este libro para saber cual era el logaritmo de por ejemplo  6779,7343...Y es que no había otro medio de calcularlo.
 Era un volumen que se titulaba así, como sigue:

TABLAS DE LOS LOGARITMOS VULGARES DE LOS NÚMEROS DESDE 1 HASTA 20.000 Y DE LAS LÍNEAS TRIGONOMÉTRICAS
 Seguidas de otras muchas tablas de uso frecuente en las ciencias, las artes y el comercio, con un apéndice para determinar casi automáticamente y con suma rapidez el logaritmo de un número (y viceversa) con 7, 8 y hasta 20 decimales exactos.




  El autor era D. VICENTE  VÁZQUEZ QUEIPO 
 y era descrito en la misma tapa del libro como:


Individuo de número de las Reales Academias de Ciencias y de la Historia. Miembro correspondiente del Instituto de Francia y de otras sociedades científicas extranjeras.



Seguía en la misma portada una sucinta descripción de los galardones que había obtenido este trabajo del autor:
OBRA DECLARADA DE TEXTO POR EL CONSEJO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA
y premiada en la Exposición Universal de París de 1867 y con Medalla de plata en la Universal de Barcelona de 1888.

 El volumen que yo poseo es la 45ª Edición. Completa toda la información de la tapa la siguiente leyenda:

 MADRID. LIBRERÍA Y CASA EDITORIAL HERNANDO S.A. (Fundada el año 1828)
Calle del Arenal, 11, y Ferraz, 11


 

Algo que me llama mucho la atención es la fecha de esta edición, el año 1974.  Creo que ya por entonces había calculadoras. Pero aun así, esta obra decimonónica se resistía a caer en desuso.
 Valoro mucho este libro. Hoy en día lo veo como un vestigio de un tiempo en el que en una España atrasada y  alejada paulatinamente del progreso europeo había gente, muy poca y luchando contracorriente, que perseveraba en el interés por la ciencia y  sus aplicaciones.  En un país en que alguna de sus mentes más lúcidas llegó incluso a decir : "Que inventen ellos".

lunes, 2 de junio de 2014

Giacomo Casanova




 Giacomo Casanova, personaje conspicuo del siglo XVIII, fue viajero, violinista, masón, escritor, estudioso de la oftalmología, políglota, iniciado en los saberes esotéricos y ocultos, amante impenitente de mujeres de todo tipo y condición... Él se definía a sí mismo como filósofo.  Su existencia encierra muchos enigmas. Su obra principal, “Histoire de ma vie” es un fresco grandioso de la sociedad de su tiempo. Es también una herramienta excepcional para los estudiosos de la época. Hasta los cambios monetarios que describe entre los muchos tipos de  divisas de los estados que visitaba son una fuente única para la investigación del tiempo que le tocó vivir.

CUANDO HABLAMOS HOY en día de Giacomo Casanova no podemos evitar traer a nuestra imaginación la figura de un mujeriego, de un aventurero. La cultura popular ha creado ese cliché a partir de la imagen  del veneciano. Ser un casanova consistiría entonces en practicar la seducción amorosa con cuanta mujer estuviera a nuestro alcance. No se puede decir que no haya una cierta  base real en la vida del personaje a partir de la cual se ha establecido su fama de conquistador impenitente. Pero es que su realidad vital es tan rica que sería de una gran simpleza, de un reduccionismo excesivo circunscribir el interés de su persona a sus seducciones y aventuras amorosas. Y aun reconociendo que fue un hombre de un inmenso éxito en el terreno de las relaciones íntimas con las mujeres hay que dejar bien claro que en modo alguno podemos remitirnos al mito de Don Juan para elaborar una aproximación al retrato de este súbdito de la Serenísima República de Venecia..  Nadie más alejado de los cánones donjuanescos que Giacomo Casanova. No era un burlador, un robador de honras a mayor gloria de su propia vanidad. Casanova amaba a las mujeres, las valoraba  y su respeto hacia ellas daba lugar a una profunda y sincera amistad con aquellas compañeras sentimentales con las  que ya no mantenía una relación amorosa. Admiraba , además de la belleza de sus amantes, sus capacidades intelectuales y cualidades morales. Las separaciones, además, se daban en medio de un gran respeto, sin reproches ni mala conciencia por ninguna de las partes. Siempre se preocupaba de dejar en buena situación a sus parejas tras la ruptura. A menudo les procuraba un benefactor o un marido que les garantizase seguridad. Así pues, hay mucho que matizar a la hora de definir el retrato de seductor del personaje. 
  Casanova aspiró abiertamente a la gloria literaria. A lo largo de mucho tiempo lo intentó con obras de ficción, no autobiográficas. No triunfó ni alcanzó prestigio alguno con este tipo de escritura.  Por otra parte, una inquietud pertinaz, en la que no cabía ningún tipo de pretensión de reconocimiento literario, una última obsesión crepuscular por dejar constancia de sus hechos le empujó a escribir la crónica de su existencia, sus "Memorias", que se publicó con el título original de Histoire de ma vie. No perseguía en este caso ningún éxito literario y fue precisamente esta obra la que le hizo pasar a la posteridad en el mundo de las letras. Ya en vida de su autor tuvo una gran difusión y  despertó el interés de los lectores. La escribió en francés y no en italiano, pensando en que esa lengua estaba más extendida en la mayoría de los paises de Europa.

 Habría que hacer una serie de consideraciones acerca de lo que se desprende de la lectura de esta autobiografía. Por una parte se puede considerar un fresco monumental de su época. Al ser la peripecia vital del veneciano tan densa, al viajar por tantos sitios y conocer a tantos personajes relevantes de su tiempo estamos ante un documento utilísimo para descifrar muchas claves históricas. Los investigadores han ido confirmando en su mayor parte la veracidad del relato que si maquilla o falsea algún episodio no altera la auténtica realidad del conjunto de la obra. Y el conocimiento de los pormenores de la trayectoria vital de Giacomo Casanova no hace sino plantear interrogantes que nos confirman lo enigmático de su deambular por cortes y paises. Él era una persona  de un gran vitalismo, apuraba su existencia con generosidad, vivía intensamente  pero al mismo tiempo era un hombre práctico dotado de un instinto de supervivencia fuera de lo común, sabedor de lo que convenía y no convenía en cada momento. Aun así, lo asombroso era el aplomo con que deambulaba por los ámbitos más elevados del poder, sabiendo sin duda la fama de personaje turbio, de conducta irregular y enigmático que le acompañaba, y era sorprendente ver cómo era expulsado de un estado y pronto era recibido en la corte de otro con total aceptación. Todo esto no hace sino confirmar la idea de que gozaba de la protección de la masonería y se podría también deducir que los servicios que le encomendaban estas sociedades secretas los llevaba a cabo con una gran eficacia. 
 La obra literaria de Casanova, la expresión a través de ella de sus inquietudes y su modo de encarar la existencia podrían hacernos pensar en un personaje arquetípico del romanticismo. Pero pensemos que estamos en pleno siglo XVIII, en una época en que las ideas dominantes dan un paradigma muy distinto. Estamos en la era de la Ilustración. 
    Es sabido que durante el siglo XVIII  se dieron unos  procesos ideológicos que cristalizaron en lo que se conoció como la Ilustración. Ésta podríamos definirla por uno de sus rasgos fundamentales: el imperio absoluto de la razón. Los intelectuales de la época, que gustaban de definirse a sí mismos como filósofos, sintieron una gran inclinación por las matemáticas, por las ciencias físicas y naturales y por las aplicaciones prácticas que se derivaban de todos estos conocimientos. Además, también se interesaban por la economía, por el derecho público y privado, por un enfoque crítico y objetivo de los estudios históricos y por la sociología de su tiempo. La paulatina difusión de las teorías de Newton y otros científicos del siglo XVII les hizo pensar que era posible descubrir la estructura y funcionamiento del Universo, imaginado por ellos como la más perfecta de las máquinas.
 Creían que detrás de la existencia del cosmos subyacía una mente muy superior a la del hombre, autora de un plan racional que había forjado el universo con sus leyes inmutables e infalibles : un Dios Arquitecto que chocaba con todas las creencias religiosas tradicionales de la época, un ser superior que se podía definir como la Razón pura y absoluta. Así pues el cultivo de la sabiduría pasaba por la indagación plena y el análisis de todas las cosas a la única luz de la razón. Cuando hablamos de todas las cosas nos referimos a toda faceta imaginable del conocimiento. Todo este planteamiento desterraba pues del ámbito del estudio todo aquello que pudiera estar influido por los sentimientos y por cualquier tipo de emoción. Había  que erradicar pues cualquier inclinación del instinto humano hacia el misterio, hacia lo no explicable  por las puras herramientas racionalistas. 
 Casanova, nacido en 1725, se educó pues en medio del ambiente de la Ilustración y como muchos "filósofos" (él también se consideraba como tal) llegó a adquirir unos auténticos conocimientos enciclopédicos y una cultura cosmopolita. El príncipe de Ligne, escritor que lo llegó a tratar durante algunos años, lo ponía a la altura de D'Alembert, Hume y otras inteligencias de la época.  En su epistolario, el aventurero veneciano demostró erudición y dominio de un sinfín de temas: economía, política, diplomacia, filosofía, literatura, cábala. Se interesó también por la medicina, en concreto por la oftalmología, y mostró inclinación por el álgebra y por la geometría.  Y a pesar de todo ésto, en honor a la verdad, analizando sus auténticas inquietudes, no estamos ante un pensador racionalista en el término exacto de la expresión. Su inclinación a lo oculto, a lo misterioso, el dejarse llevar por el predominio de las pasiones por encima de la razón pura, nos hacen situarnos ante un personaje más representativo de un estereotipo romántico. Pero todavía faltaba tiempo para que se terminara imponiendo ese paradigma. Y por otra parte hay que considerar que Casanova será siempre un arquetípico personaje del Ancien Régime. En su momento se declarará enemigo de la Revolución Francesa.

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 GIROLAMO  GIACOMO  CASANOVA  NACIÓ en la ya por entonces decadente ciudad de Venecia el 2 de abril de 1725. Su madre se llamaba Giovanna Zanussi , y tenía como apodo Zanetta. Era hija de un zapatero remendón y natural de la cercana isla de Burano,`por lo cual también la llamaban Buranella. Fue raptada, con dieciseis años,  por un actor de teatro dos lustros mayor que ella, llamado Gaetano Casanova. La unión se legalizó a continuación con un matrimonio celebrado el 27 de febrero de 1724. Poco después viajaron a Londres donde tuvieron a su segundo hijo, Francesco (que con el tiempo se convertíría en un célebre pintor de batallas) y en donde Zanetta  inició su carrera de comediante. Dejaron mientras tanto en Venecia a Giacomo al cuidado de una tía suya. Ésta se interesó muy poco por él y tal vez su despreocupación provenga del hecho de que su sobrino era un niño retraido y taciturno que andaba de continuo con la boca abierta, lo que provocaba una imagen de estulticia e idiotez, apariencia que como luego se vería no concordaba con la realidad. Lo que le pasaba a Giacomo era que padecía de unos pólipos nasales que más tarde le fueron extirpados por una curandera de Murano poco antes de que su madre muriera en 1733.  Debido a su débil salud y a la inconveniencia para ésta del aire húmedo veneciano, por consejo de un buen amigo de la familia, el poeta pornógrafo Giorgio Baffo, fue llevado a Padua, donde residió entre 1734 y 1739 y en donde inició unos estudios que concluirían años después con un doctorado en leyes.
 Volvió a Venecia y Baffo, quien le inició por aquel entonces en la literatura francesa, lo presentó al senador Malipiero. Éste se aficionó a su compañía y le hizo asiduo de su palacio, sentándole a diario a su mesa. Le hizo entrar en relación además con buena parte de la nobleza.
 Se decidió Giacomo a iniciar la carrera eclesiástica, fue tonsurado en 1740 y recibió un año después las cuatro órdenes menores. Según algunos investigadores es por entonces cuando realiza su primer viaje a Corfú y Constantinopla. Regresa e ingresa en el seminario de San Cipriano de donde no tarda en ser expulsado.
 A partir de aquí es cuando emprende una existencia aventurera que le lleva en primer término a Roma. Aquí, en 1743 entra al servicio del cardenal Acquaviva.
 Vuelve a viajar a Oriente en 1745. Retorna unos meses después y atraviesa estrecheces económicas al perder la protección de Malipiero por un asunto de faldas. Como consecuencia de esto se ve obligado a trabajar como violinista en el teatro de San Samuel.  A estas alturas de su vida ya había sido protagonista de varias aventuras amorosas. 
 En 1746 consigue tres nuevos protectores : los  senadores Bragadin, Barbaro y Dandolo. Éstos eran pertinaces seguidores de la magia y de la cábala, en las que tenían depositada una fe absoluta. Casanova ya llevaba un tiempo inmerso en esos asuntos y este hecho, su dominio sobre el ocultismo, le proporcionó un gran ascendiente sobre sus poderosos benefactores. Es precisamente la fama que había obtenido de dominador consumado de estos saberes arcanos lo que le obligó en 1748 a abandonar nuevamente Venecia, ante el riesgo de ser perseguido por los temibles Inquisidores del estado. Viaja por el norte de Italia, regresa de nuevo a la ciudad de los canales y la vuelve a dejar en 1750 emprendiendo un viaje con destino a París. A su paso por Lyon, camino de la ciudad del Sena, un personaje llamado Rochebaron apadrina su ingreso en la masonería con el grado de aprendiz. Se cree que la logia a la que se afilió se llamaba "Amitié amis choisis", filial de la Gran Logia Escocesa. Ya en París conseguiría ascender a los grados de oficial y maestre. Posiblemente,  a partir de ahí  sus viajes a lo largo de Europa los habría realizado como agente de la masonería, lo que explicaría en parte su facilidad para conectar con los poderosos y ser recibido por la alta sociedad, él, una persona de origen más humilde en una época en que las clases sociales estaban fuertemente compartimentadas. Rives Childs piensa que pudo pertenecer también a los rosacruces.
 Casanova permaneció en París hasta 1753. Volvió a Venecia al año siguiente tras pasar por Dresde, Praga y Viena.  Ya le iba precediendo la fama a raíz de sus aventuras amorosas y el aura de misterio que le rodeaba. Sin embargo intentó dar una imagen discreta y comenzó a emplearse en el bufete de un abogado. A pesar de todo, en julio de 1755 los Inquisidores de Estado ordenaron su detención y fue encarcelado en la prisión estatal de los Plomos (denominada así por el metal que cubría sus tejados). Fue internado sin comunicársele los motivos ni ser sometido a juicio. Posteriores investigaciones de especialistas apuntan a que se le acusó probablemente de la práctica de la magia, de libertinaje y de ateísmo. 
 Su leyenda de personaje inverosímil quizá comienza a raíz de la fuga que protagonizó el 1 de noviembre de 1756. Se evadió de una prisión segurísima,  fuertemente vigilada y situada en la parte más alta del céntrico palacio ducal. Se ha podido demostrar la veracidad del relato que realizó el mismo Casanova sobre su fuga de los Plomos. Para que fuera más asombrosa su gesta, pasó esa noche escondido en la misma casa del jefe de los esbirros que andaban buscándole, donde parece ser que fue recibido por su mujer.

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   TRAS ESTE FORMIDABLE EPISODIO  Casanova llega a París, donde se dedica a practicar la magia y la cábala, y entra en relación con madame d'Urfé. También en la capital francesa tiene ocasión de realizar un magnífico negocio cuando le es confiada la dirección y recaudación de la lotería de la Escuela Militar.
 Al poco tiempo parte sin embargo para Holanda y se aloja en la casa de un rico comerciante masón. Parece ser que el motivo de este viaje radica en una delicada misión diplomática que ha de realizar por encargo del gobierno de Luis XV.
 A su regreso de Holanda crea una fábrica de estampados de seda pero más tarde, en 1759, ha de volver a abandonar la capital francesa ante el deterioro de su situación económica. Al mismo tiempo se suceden sus conquistas amorosas. Todo esto, junto con sus continuas lecturas y sus experiencias en ámbitos tan diversos, va haciendo de él uno de los personajes con mayor bagaje cultural y vital de su época.
 Viaja pues por Alemania y Holanda nuevamente y termina recalando en Suiza. En este último pais visita a Voltaire, a finales del 59 o a principios del 60.  Así es descrito Casanova en esos días por un noble suizo que tiene conocimiento de él :
   "Desde hace algún tiempo, vive aquí, en el hotel La Corona, un extranjero que se hace llamar Caballero de Seingalt y que me ha sido calurosamente recomendado por el marqués de Gentils, a instancias de una influyente dama parisina. [...] Aquí nadie ha descubierto todavía quien es. [...] Habla de todo con soltura y parece haber visto y leido muchísimo. Se dice que domina todas las lenguas orientales. [...] Todos los días recibe un montón de cartas y él mismo las escribe todas las mañanas.[...] Me ha dicho que es un ciudadano del mundo que respeta las leyes de todos los señores bajo los que vive. Aquí ha llevado una vida rígidamente moderada. Me ha hecho entender que se interesa en la historia natural y en la química. Mi sobrino, que le tiene mucha simpatía, cree que se trata del conde de Saint-Germain. [...] Me ha hecho algunas demostraciones de sus conocimientos cabalísticos que, si son auténticos, resultan sorprendentes porque hacen de él una especie de mago. En suma, es realmente un personaje singular. No podría estar mejor vestido y equipado. Después de haberos visto, quiere ir a ver a Voltaire para hacerle ver muchos de los errores que hay en sus libros. Pero no sé si un hombre tan humanitario le gustará al filósofo". 
 Y no, no le gustó.
 Tras dejar Suiza y viajar por Italia volvió nuevamente a París en 1761. Mas otra vez torna a  abandonar la capital francesa, esta vez como consecuencia de un duelo. No detiene su vida itinerante y tras una serie de viajes lo podemos encontrar en  Londres en 1763.  En la ciudad inglesa se enamora  de una joven, Charpillon, y por primera vez en su vida es engañado. Charpillon lo burla, lo estafa y no se le entrega finalmente. Como se ve, Casanova también era vulnerable a las acechanzas amorosas, y a pesar del férreo control que ejerce sobre las diversas y a veces complicadas  situaciones que se le presentan en su agitada vida es capaz de entregarse totalmente y apostarlo todo por una pasión amorosa.
 Tambíen tendrá que abandonar Londres como consecuencia de un turbio asunto económico y recalará más tarde en Berlín, en 1764. Es recibido por el rey Federico el Grande y rechaza el ofrecimiento que le hace el monarca de ocupar un puesto en la administración prusiana.
 Continúa su existencia itinerante y pasa por Riga y por San Petersburgo donde se llega a entrevistar con la emperatriz Catalina II.
 En 1767 lo encontramos en Varsovia, invitado a la mesa del rey de Polonia. Hiere gravemente en un  duelo (no provocado por él)  al conde Brannicki y nuevamente ha de echarse al camino y seguir viajando, aunque la justicia polaca no lo persigue. A pesar del benevolente trato judicial  parece ser que este episodio va a constituir un punto de inflexión en la vida del veneciano, en su fortuna y en su buena estrella.
 Continúa  un periplo que lo hace visitar  Breslau,  Dresde, Leipzig y otras ciudades hasta recalar en Viena, de donde es expulsado al ser decubierto haciendo trampas en el juego, en un deseperado intento por solucionar su delicada situación económica.
 En septiembre de 1767  llega a París haciendo de acompañante de una joven dama embarazada que le ha ha sido confiada por el propio marido de ésta, un extravagante jugador que se había tenido que ausentar precipitadamente del balneario de Spa. Pero, fiel a esa línea de inestabilidad que siempre le acompaña, es expulsado de la capital francesa a resultas de un roce con un sobrino de madame d'Urfé y llega a España donde reside durante todo 1768 y en donde escribe, durante un periodo de prisión que sufrió en Barcelona, la Confutazione, una refutación en toda regla de la obra Historia del Gobierno Véneto de Amelot de Houssaye. Con la escritura de este libro intentaba hacer méritos y hacerse ver bien por los Inquisidores del Estado de Venecia y así conseguir el permiso pertinente para regresar a su patria.
  Sale de España y viaja a la Provenza en enero de 1769. Desde allí prosigue hasta Turín y Lugano. En esta última localidad hace imprimir la Confutazione y regresa de nuevo a Turín. Desde esta última ciudad se dirige a Florencia. Y nuevamente es expulsado, esta vez de la ciudad toscana.
  Tras seguir viajando por la Italia peninsular llega a Trieste en noviembre de 1772, desde donde espera el permiso necesario para regresar a Venecia. Éste le es concedido por fin en septiembre de 1774.

 Cabría preguntarse qué sucedió en la vida del veneciano, qué avatar de su agitada existencia tuerce su baracca, su facilidad para salir bien parado de todas las situaciones y sentirse siempre con el viento a favor. ¿Podría ser este punto de inflexión su duelo con el conde Brannicki en Varsovia?. Aunque los duelos eran una realidad y una tradición en esa época, los ilustrados los rechazaban abiertamente -en 1710, valga como ejemplo, Scipione Maffei había  publicado en Roma el volumen Della scienza chiamata cavalleresca, en el que condenaba sin ambages la práctica de ese modo de dirimir las cuestiones de honor y otras diferencias- y eran muy beligerantes contra su uso. En 1764 había visto la luz el célebre Dei delitti e delle pene de Cesare Beccaria, en el que se consideraba proscrita la práctica del duelo. También los masones, como ilustrados que eran, rechazaban esta costumbre. ¿Habría perdido Casanova la protección y la confianza de la masonería a resultas de su episodio en Varsovia?¿Lo habrían comenzado a considerar como un elemento excesivamente impulsivo que, a pesar de sus buenos servicios, no era digno de una total confianza? Es pues el caso que de contemplar cómo el veneciano se pasea seguro, bien acogido, y respetado en las cortes de Prusia, Rusia y Polonia lo vemos años después confinado en Trieste y esperando un salvoconducto para regresar a la ciudad de los canales. A partir de ese duelo comienzan sus verdaderos apuros económicos, y los vemos deambular de ciudad en ciudad sin ningún tipo de protección. En una misiva dirigida años más tarde a su amigo Opiz, le hace saber que su autobiografía concluirá en el año 1772: "Creo -le cuenta- que no seguiré adelante porque, después de los cincuenta años, no puedo contar más que cosas tristes, y eso me entristece"

  Una vez que vuelve a Venecia intenta conseguir dinero emprendiendo diversos proyectos literarios y teatrales. Al fin, termina aceptando un cargo como confidente de los Inquisidores de Estado, los mismos que años atrás lo habían encarcelado en la prisión de los Plomos. Pero la realidad es que Casanova no fue un buen confidente -de manera deliberada- y solo hace formulaciones muy genéricas sobre la depravación de las  costumbres y la crisis de la moral pública. Nunca delató a nadie de modo particular. Es despedido, pero posteriormente, por una serie de componendas, le prometen pagarle con arreglo a la importancia de sus futuros informes.
  Estamos en 1781 y Casanova vive, en el popular barrio veneciano de Castelo, con una humilde modista, Francesca Buschini, cuyo comportamiento es el de una abnegada esposa.
  En 1782 publica La stalla ripulita, libelo que le crea la animadversión de los nobles venecianos y que le obliga -¡una vez más!- a salir de la ciudad.
   A partir de aquí le podemos seguir la pista vagabundeando por Viena, Udine, Aquisgrán, Maguncia, París y Frankfurt. Quizá este periplo responda a un intento -no conseguido a la postre- de buscar la protección de los masones.
   Por fin recala nuevamente en Viena, donde entra al servicio, como secretario, del embajador Foscarini, convirtiéndose, al fin, en funcionario. Pero el fallecimiento de Foscarini, en 1785, lo deja cesante.
  No tiene más remedio, a partir de estos acontecimientos, que aceptar el cargo de bibliotecario del palacio de Dux, dominio bohemio del conde Waldstein, masón, aficionado al ocultismo y, como consecuencia de esto, impenitente lector de Paracelso. Por fin consigue el veneciano la protección que andaba buscando.
  Enseguida es consciente de que él, un hombre vital, viajero y mundano, no va ser feliz en la triste, pequeña y provinciana Dux. Su primer impulso es rechazar el empleo que se le ofrece. Pero se resigna ante la realidad de su precaria situación y acepta. De vez en cuando hace escapadas a Dresde, Praga y Berlín.
 En Dux se siente viejo y acabado y se le agría el carácter. Tiene roces con la servidumbre y consigue que despidan al ambicioso y desvergonzado mayordomo.
  No encuentra consuelo sino en la lectura y la escritura. Así, lee y escribe incansablemente. Será aquí donde vea la luz lo mejor de su obra.
  En 1790 comienza a redactar la Histoire de ma vie en francés, que somete a múltiples correcciones. Mantiene una fluida correspondencia, mientras tanto, con amigos y admiradores.
  Durante su estancia en Dux publica también una extensísima novela titulada Icosameron. En ella plasma una faceta visionaria que le hace predecir el cañón de retrocarga, el automóvil, los gases axfisiantes y hasta la pluma estilográfica.
  Pero no se acaba ahí la producción literaria durante este último periodo de su vida. También publicó obras acerca de su famosa fuga de la cárcel de los Plomos de Venecia, sobre la usura, sobre Paul et Virginie de Saint-Pierre...
  En febrero de 1798 cae seriamente enfermo de una afección a la vejiga. Fallece finalmente el día 4 de junio, a los 73 años de edad, en Dux, Bohemia. Sus últimas palabras fueron las siguientes:
  "He vivido como filósofo y muero como cristiano"

(Fuente: Información y datos biográficos extraídos  del volumen publicado por Editorial Planeta, S.A. en edición de 1986 -con Introducción, traducción y notas de Angel Crespo- con el título Memorias de España, de Giacomo Casanova)