jueves, 14 de agosto de 2014

La precaución del rey Mitrídates frente a los venenos


Mitrídates VI, denominado Eupator Dionysius (132 a.d.C.- 63 a.d.C.), también conocido como Mitrídates El Grande, rey del Ponto desde el año 120 a.d.C.  hasta su muerte, fue un gran enemigo de la República de Roma. Sostuvo contra la potencia política y militar de la época las llamadas tres Guerras Mitridáticas. Terminó siendo vencido al final. Su reino, el Ponto, estaba situado en la región noreste de la península de Anatolia, en la costa del Mar Negro, el Ponto Euxino de los griegos.

Pero a pesar de todos estos datos históricos, Mitrídates pasó a la posteridad por su temor a ser envenenado y por las medidas que puso en práctica para evitar dicha amenaza. Como muchos otros poderosos de cualquier época se valía de sirvientes para que consumieran previamente toda aquella bebida y comida destinada para él. Pero esto no le era suficiente. Su obsesión por ponerse a salvo de cualquier peligro de envenenamiento le hizo estudiar todas las sustancias letales conocidas y buscar sus antídotos. Asesorado por médicos de su absoluta confianza hacía que personas condenadas a muerte probaran todas las posibles pózimas tóxicas. Pero siguió haciendo más. Comenzó a ingerir pequeñas cantidades no letales de venenos para que su organismo se acostumbrara a tolerarlos. Poco a poco fue subiendo las dosis hasta que se sintió inmune a todas esas sustancias. A tal grado llegó esa inmunidad que cuando cayó derrotado y decidió suicidarse para evitar que lo apresaran vivo los romanos, el tóxico que utilizó no surtió efecto. Hubo de recurrir a uno de sus oficiales para que lo matara con su espada...

martes, 12 de agosto de 2014

Venus: el planeta ardiente.



A veces se fantasea de manera futurista con viajes espaciales tripulados a otros planetas. Es una manera imaginar. Enseguida nos ponemos en situación y nos vemos en naves y sondas  rumbo a otros mundos. Veamos qué nos pasaría si decidiéramos viajar a Venus.
Para empezar, hay que decir que el segundo planeta más cercano al sol, después de Mercurio, es rocoso, de atmósfera muy densa y de un tamaño similar a la Tierra. Venus, además, sufre un efecto invernadero exacerbado, pues tiene una capa  de nubes de 20 Km. de espesor y de una gran densidad, con una atmósfera que contiene un 96% de CO2. Esto provoca una temperatura media en su superficie de unos 480ºC (Sí, cuatrocientos ochenta grados centígrados). Para completar la situación, a ras de suelo la presión atmosférica es noventa veces superior a la de la Tierra a nivel del mar. El panorama se vuelve aún más "idílico" si consideramos que Venus está cubierto de espesas nubes de ácido sulfúrico (que provocan continuamente una lluvia de esta sustancia) y además, al reflejar la luz del sol le dan esa luminosidad tan característica. De ahí que se le llame la estrella de la mañana (Lucero del Alba) o la estrella de la tarde (Lucero Vespertino). Puede ser observado durante el día, siendo, junto a la Luna y el Sol, uno de los tres únicos cuerpos celestes visualizables a simple vista.
 Si a pesar de todas estas dificultades decidiéramos emprender el viaje para pasar un sólo día en este planeta, este día sería muy largo. El periodo de rotación de Venus es de 243 días terrestres. Como su periodo orbital es de 224,7 días terrestres, este detalle nos lleva a la paradoja de que en Venus el día dura más que el año. Verdaderamente curioso.

viernes, 8 de agosto de 2014

El liquen : la simbiosis perfecta


Si hay un ejemplo de sociedad bien avenida, ésta es la que forman un hongo y un alga para formar el liquen.
Esta simbiosis permite a dichos organismos colonizar ecosistemas extremos en los que el desarrollo de estas formas de vida por separado, sin integrarse en dicha unión, sería poco menos que imposible. 
 En una simple roca sin ningún tipo de sustancia alimenticia pueden arraigar y desarrollarse. El hongo produce ácidos que disuelven la superficie de la roca, liberándose minerales que el alga transforma en alimento para ambos.
Viven en medios en los que no lo podría hacer ningún otro tipo de organismo, en ecosistemas con una gran escasez de nutrientes. En zonas de la Antártida donde nada puede subsistir podemos encontrar grandes superficies de líquenes. También los podemos hallar en regiones desérticas.
 El hongo se llama micobionte y el alga ficobionte. El hongo protege de la desecación, obteniendo agua y minerales del medio donde viven,  mientras el alga, mediante la fotosíntesis, proporciona materia orgánica para el hongo. 

jueves, 7 de agosto de 2014

El mobiliario de las casas medievales


El mobiliario de las casas medievales solía ser muy austero. Eso proporcionaba una impresión de vacío, de sencillez, muy característica.  Cuatro eran los muebles fundamentales que servían tanto a los campesinos como a los habitantes de las pequeñas e incipientes ciudades, es decir a los primeros residentes de los burgos. Eran los siguientes:
-La cama. Era el mueble por excelencia. Solía ser de gran tamaño porque era usada por varias personas a la vez, hasta seis en algunas ocasiones. Casi toda la familia podía dormir en la misma cama. Los colchones solían estar rellenos de paja, cuando se trataba de gente humilde. Otros más pudientes los tenían de plumas, lo que constituía una señal de confort. La ropa de la cama variaba desde la sarga hasta el lino.
- La mesa. De gran importancia en los europeos medievales. Las había desde las que descansaban sobre caballetes y se desmontaban tras terminar de comer (de ahí la expresión : quitar la mesa) hasta las adosadas sobre la pared.
- Los bancos. Este  mueble podía ser muy variado y de muchos tipos. Hay una descripción  de sus dimensiones habituales: dos palmos de anchura y de uno y medio a dos de altura. A veces había un asiento especial reservado al padre de familia. Era frecuente la utilización de cojines para paliar la dureza de la madera.
- Las arcas. En ellas se guardaban los enseres familiares, desde la ropa hasta todo tipo de utensilios, incluso los alimentos. Tenían herrajes muy complicados. Podían servir también, en ocasiones, de asiento. Los objetos de más valor se guardaban en cofres, de menor tamaño y más manejables.

 Fuente: Julio Valdeón Baruque. Cuaderno de Historia 16 Nº 193 .(1985)

miércoles, 6 de agosto de 2014

¿Por qué enfrían los botijos?

 
El agua, para pasar del estado líquido al estado de vapor necesita una determinada cantidad de energía. Esa energía la absorbe del ambiente, por lo cual se produce un enfriamiento. Así pues, en los procesos de evaporación se produce un descenso de temperatura. Todos sabemos la sensación de frescor que se siente cuando nos humedecemos la piel con alcohol o colonia. Estas sustancias se evaporan con más rapidez que el agua.
 Por eso, cuando la humedad del ambiente es muy grande, nos cuesta transpirar porque la presión de vapor de agua en el aire ya es muy alta y hay resistencia a nuevas evaporaciones. No transpiramos, no evaporamos agua desde nuestra piel y no provocamos enfriamiento en nuestra epidermis. La sensación de calor es entonces mayor. Por eso, a igualdad de temperatura la sensación de bochorno es mucho mayor cuando la humedad es más alta.
 Los botijos están hechos a base de arcilla. Este material es muy poroso y el agua del interior transpira por esos poros. Cuando ese agua se evapora se produce el consabido enfriamiento y conseguimos una bebida más fresca. Si el ambiente es seco, la evaporación es mayor y la temperatura puede descender hasta 10ºC.
Pensemos en lo que suponía el uso de estos utensilios en épocas en las que no había frío artificial en los climas más calurosos...

domingo, 3 de agosto de 2014

Colores fríos y colores cálidos

 
Imagen:  «Electromagnetic spectrum-es». Publicado bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Electromagnetic_spectrum-es.svg#/media/File:Electromagnetic_spectrum-es.svg.

 Cuando  vemos algo quiere decir que la radiación electromagnética que nos llega al ojo, emitida o reflejada por ese algo, está dentro del espectro visible. El espectro visible no es más que un segmento de todo el espectro electromagnético. Éste último va desde las radiaciones menos energéticas (ondas de radio) hasta las más energéticas (rayos gamma). Esta energía viene definida por la frecuencia de las ondas electromagnéticas que componen dichas radiaciones. A más frecuencia más energía.
 Cuando la radiación que llega a nuestra retina está fuera de los límites del  espectro visible no la podemos ver. Por eso, la radiación  ultravioleta o de tipo infrarrojo es invisible.
 La luz blanca está compuesta por todas  las frecuencias que van del rojo al violeta (rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul y violeta). El rojo es el color de menos frecuencia, la radiación menos energética. La violeta, la radiación  más energética.
 Cuando un objeto lo vemos de color blanco quiere decir que refleja todas las radiaciones del espectro visible. No absorbe ninguna. Es el mínimo calentamiento de ese objeto. Por el contrario, cuando el cuerpo es negro no refleja ninguna radiación, las absorbe todas y su calentamiento es máximo.
 Si una mesa o una silla las vemos de color verde significa que esos objetos absorben todas las radiaciones del espectro visible menos la radiación de color verde, justo la que vemos.  Por eso, si reflejan una radiación de mucha frecuencia, muy energética, tienden a calentarse menos, liberan más energía.
 Un ejemplo: Un objeto azul refleja radiación azul, precisamente la que vemos. Esa radiación es más energética que la roja, pues tiene más frecuencia. Por eso un cuerpo azul refleja al exterior más energía que un cuerpo rojo. Teóricamente el objeto azul será entonces más frío que el objeto rojo.

 (Y el más frío de todos, a excepción del blanco, el  color violeta. Al ser el más energético dentro del espectro visible, al ser reflejado el color violeta, libera al cuerpo de la máxima cantidad de energía).